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revista contra el pensamiento único

¡Qué ganas de cagar!.

¡Qué ganas de cagar!.

Desde el pasado 9 de marzo, por culpa de sus lobotizados votantes y una acomplejada derecha, España está más atrapada que nunca en manos de un despreciable señor nacido en Valladolid (¡qué desgracia para Pucela!). No es una ideología política la que gobierna España (o lo que queda de ella), sino una manera de entender la vida, cuyo término todavía no recoge la Real Academia de la Lengua.

 

Zapateril, zapaterina... es difícil encontrar el vocablo. Lo cual no impide calificar a este personaje empeñado en que todos vivamos y existamos tal y como él entiende y desea que debemos hacerlo.

 

Este embustero personaje, este bobo iluminado, mitad ignorante, mitad malaintencionado, es uno de los productos mejor acabados de la más rancia progresía de izquierdas. Es uno de esos seres que han mamado lo peor de lo peor de la puta izquierda. Ha sido destilado a fuego lento, en los alambiques del más trasnochado izquierdismo huérfano de ideas, pero inventor de la propaganda. Una vergüenza para esos socialistas decentes, si alguno vez lo hubo, que creían en la creación de un Futuro Hombre Nuevo: “el Hombre es bueno por naturaleza, pero son las circunstancias las que le transforman...” ¡Ja!.

 

Dios creó al Hombre, el Hombre mató a Dios y el Hombre creó a Joselu.

 

Me engañó en 2004. Lo reconozco. No le voté en aquellas elecciones teñidas de rojo sangre..Pero me fié de él, cuando nada más conocer su victoria, citó la expresión nuevo talante. ¡Valiente hijoputa!.

 

Joselu no es que sea el peor presidente de gobierno de España. Es que, posiblemente, es el más abyecto dirigente de España en toda su Historia, junto con el rey Fernando VII, aquel al que el pueblo llamó ingenuamente El Deseado. Y luego otros echan pestes de los Reyes Católicos. Ellos, que fundaron lo que hoy este inmoral y amoral desea destruir.

 

Decía Josu Erkoreka, portavoz parlamentario del PNVQOE (Partido Nazi-onanista Vasco Que Odia a España), en un programa de la sectaria televisión pública vasca, que Joselu puede incluso ser “entrañable en algunos momentos” -sí, me imagino que cuando juega con sus hijas, las cuales que se preparen, o preparémonos, porque menuda educación estarán recibiendo de su papá y su mamá- . Toda una declaración de amor del PNVQOE... Oh, qué bonito y qué dulce: el naci-onanismo vasco hablando maravillas de un presidente el gobierno nacional. ¡Si no lo veo no lo creo!. Pero, lo entiendo, porque si el naci-onanismo vasco, sabe que sus fines sólo se lograrán con una España destruida, Joselu es el barrenista que lo hará posible, aunque él nunca se pondrá el buzo y el casco, que lo de trabajar no va con él. Otro más bobos que él harán el trabajo.

 

Y a que viene todo esto. Viene a que después de las elecciones del 9 de marzo de 2008, en este país políticos, jueces, empresarios de renombre, medios de comunicación e incluso el rey están tomando posiciones, ante lo que se nos viene encima: la destrucción y putrefacción de España desde las tripas. ¿Qué tendrá el Joselu, para que le lamen el trasero personas que saben perfectamente que se trata de un malvado ignorante, un perfecto estúpido vanidoso, un irresponsable e incapaz gestor, una zafio y cursi politiquillo de pelmazo discurso y un peligroso botarate?. La respuesta es: el Poder.

 

Un ejemplo de la toma de posiciones es la decisión por unanimidad del Pleno de la Audiencia Nacional de no entender como delito mantener el nombre de una calle a un etarra.

 

No voy a entrar en la verborrea judicial, en el farragoso lenguaje empleado, en la memez de que la apología de la apología no es delito... No comento estupideces pronunciadas por los que consideran que el resto somos estúpidos, porque entraríamos en el debate que ellos desean.

 

Si realmente interesara que una calle no llevara el nombre de un etarra ya se habrían puesto los medios para ello.

 

En su momento, no existía ninguna ley que obligara a un ayuntamiento a retirar el nombre de Generalísimo Franco, General Mola o Dieciocho de Julio, por poner algunos ejemplos, cuando terminó la dictadura franquista en España. Estos nombres fueron retirados de las calles mediante acuerdos tomados, la mayoría de las veces, en plenos municipales. Si se quiso y se hizo en su momento con los nombres franquistas, si ahora no se hace con los nombres de esta gentuza terrorista, es porque no se quiere.

 

Cualquier ayuntamiento vasco en cuyo callejero exista el nombre de un terrorista, tiene la capacidad y el poder de retirar ese nombre. Lo que le falta es la intención. Y que no se escuden en sentencias y decisiones judiciales: NO LO HACEN, PORQUE NO QUIEREN. Porque no les sale de los cojones y punto. Y, a mí, no me extraña.

 

A ojos del naci-onanismo vasco y según su manera de concebir su mundo: los Terroristas Nacionalistas Vascos, son nacionalistas vascos que han confundido el camino; “no nos confundamos, son patriotas” como decía un dirigente vizcaíno de Eusko Alkartasuna mientras le pasaba la mano por el hombro a un votante de HB (o lo que es lo mismo: cómplice de asesinatos) en un debate de una televisión local de Bilbao. Tiempo después me sorprendió y asustó ver a este lumbreras de EA presentando al coro de la Basílica de Begoña de Bilbao en una audición con motivo de un disco que había grabado este coro, adornando sus palabras con alguna que otra palabra relativa a la caridad cristiana.

 

A España la están matando algunos y la estamos dejando morir otros. Y muchos ya están tomando asiento en el velatorio para estar cerca del finado. No derramarán ni una sola lágrima; las lágrimas las verteremos el pueblo llano, el y la españolita de corriente y moliente, la gente modesta, sencilla y trabajadora, aquella a la que sangran con sus impuestos y que engañaron diciéndola que sobre ella recaía la soberanía nacional. Porque lloraremos como críos, lo que no habremos defendido como personas, algo que está muy por encima de España: la Libertad.

 

Seamos sinceros: al pueblo español estás palabras ya no le dicen nada; han perdido todo su verdadero valor al ser pronunciadas por las nauseabundas bocazas de auténticos dictadores, que usan la democracia para colgarse el cartelito de demócrata, con el que legitimar cualquiera de sus demócatras fechorías.

 

Vayamos tomando asiento en el velatorio y recemos para que el asesinato de nuestra patria sea lo menos traumática posible; al matarla, que no sufra mucho, porque eso no lo soportaría nuestra conciencia. Estamos los españoles tan narcotizado que no nos levantaremos como contra el invasor francés, pues sólo pensamos en nuestro estómago, nuestra entrepierna y la Play Station.

 

Algún día, aunque los asesinos de España no lo crean, ellos también se morirán. Y yo, si les sobrevivo me tomaré la venganza de bailar sobre sus tumbas. Había pensado en cagar sobre ellas, pero sólo me marcaré unos paso de claqué.

 

Aunque, pensándolo mejor, me quedaría más a gusto haciendo de vientre sobre el frío mármol.

McK

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