¡Ridículos!

Me transmiten la información, de primera mano, de que en el batzoki de Amézola han recibido la orden de prohibir el visionado de los partidos que dispute la selección española de fútbol durante la Eurocopa de este año. Y no es de extrañar.
No he contrastado la información, perdónenme el atrevimiento, pero, si esto es así, y no tengo motivos para dudar de su veracidad., se me ocurren muchos adjetivos de esta actitud hacia todo lo español, todo lo que representa a España y en contra de España misma y los españoles. Sin embargo, en esta ocasión sólo emplearé el de ridículo.
La estrategia nacionalista hace tiempo que ya llegó a la calle, a los bares y a los hogares: borrar, no ocultar, todo lo que pueda significar España.
Hay que impedir que el vasquito de a pie descubra que es un españolito más. Y que el País Vasco es una región de España, desde tiempo inmemorial.
Por eso, hay que ocultar hasta los detalles. Y el fútbol es uno de ellos, además uno que puede hacer recordar a las personas de bien, que hubo un día en que existía un país llamado España, cuyos habitantes se llamaban españoles y que ellos formaban parte de aquel país.
Para bien o para mal, siempre se ha dicho que el fútbol levanta pasiones. Pues entre los nacionalistas también, sólo que, en este caso, son otro tipo de pasiones más irracionales, viscerales, radicales y de odio. Y, que no se me olvide, ridículas.
Me lo oirán decir muchas veces: el nacionalismo en general y el vasco en particular es ridículo y produciría risa, si no fuera porque el nacionalismo vasco ha causado la muerte de más de ochocientos seres humanos.
De nuevo, se demuestra que la txapela nubla y ofusca el entendimiento.
Iturrimingo
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