Hoy, Rusia. Mañana, quizás, Japón.

Lo tengo decidido: me voy a conocer Rusia, ¡todas las Rusias!, la Madre Rusia. Esta tarde me voy a Moscú y pasado a Vladivostok. No sé cómo lo haré, pero no van a dolerme prendas. Me iré a casa, haré las maletas y tomaré el primer avión a Sebastopol. Y si no lo hubiera, ya sabes, como el chiste, tren hasta París, luego hasta Estambul y desde allí a Moscú.
Y, sí. Una vez recorrida toda Rusia, tarea que me ocupará varios años, desde la isla de Sajalín cruzaré el mar y llegaré a Japón. No sin antes visitar Kamchatka. Pero no queda todo ahí. Quien sabe si no me decido a dar el salto y de islote en islote, voy saltando de aquí y allí, y por el estrecho de Bering me acerco hasta Alaska. Lugar donde algún ruso y algún español intercambiaron disparos mucho antes de que la División Azul lo hiciera en el sitio de Stalingrado.
Lo dicho, que me voy a Moscú. ¿Te vienes?.
Aquí un amigo.
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