Adiós BOE, adiós.

De todos es conocido el patológico desprecio a España de nuestro preclaro presidente de gobierno -masón, para más señas- el cual padecemos y que, por desgracia seguiremos padeciendo durante muchos años. Y otro ejemplo, es la decisión de no imprimir más el Boletín Oficial del Estado, comúnmente llamado BOE.
Seguramente, que existirá una razón objetiva y razonable para desechar su publicación en papel y que sólo se pueda acceder a su información a través de internet. En los tiempos que vivimos, podía llegar incluso a ser un anacronismo, gracias a las nuevas tecnologías. Pero, no deja de resultar curiosa su desaparición, porque, además, se trataba de la publicación más antigua de España, cuyos orígenes se remontan al siglo XVII.
Qué lastima no volver a ver su portada de dos columnas en algunas bibliotecas del país -perdón, Estado-. Sobre todo, en esas bibliotecas
públicas de comunidades autónomas en las que sufrimos la asfixia nacionalista. Era una delicia pedirle a la funcionaria de la biblioteca, ésa que sólo estaba ahí por hablar eusquera -y malamente-, el BOE y que te lo trajera con cansino andar y aburrido semblante. El elegante escudo de España de la portada avanzaba entre adolescentes alumnos de empeñados en negarse a ser españoles, porque así se ha determinado desde los batzokis y txokos del Goiherri guipuzcoano.
Ay, Zapa. Lo que has hecho. Un pequeño detalle, pero un símbolo menos y un acto más en la disolución, desaparición y destrucción de España.
Por los menos, nuestros bosques se librarán de la tala anual de 40.000 árboles, que suponía la impresión del BOE. Bien pensado, tal vez, tendría
que haber llegado su desaparición mucho antes.
Gracias, Joselu; me has convencido.
Aquí un amigo
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